Soy un desastre hasta cuando decido empezar con algo nuevo, hace casi dos meses que abrí este blog y hasta ahora no he tenido intenciones de volver a escribir nada, unas veces por pereza, otras porque no me acordaba de la contraseña, y otras hasta porque me daba pereza darle a recordar la contraseña para intentar actualizar, y no quiero que me pase igual que con mi “querido” fotolog.
Por fin, ahora de vacaciones, y con tal de no estudiar, y alejarme de tanto consumismo navideño y también del frio de la calle vuelvo al intento de hacer algo coherente con esto.
Ahora que tengo tanto tiempo libre recuerdo cuando empecé con el último bitácora, un cuaderno que me regalaron hace años y era tan bonito que quise guardar para escribir solo las cosas importantes, alguien me dió pie a empezarlo, me estaba pasando algo tan importante que era el momento de guardar en algún sitio todo lo que pasaba por mi cabeza, esto fue hace algo más de un año, en septiembre más o menos, todo lo que escribía en ese cuaderno de una manera o de otra se relacionaba siempre con lo mismo, con algo que tenía siempre en la cabeza, él no sabe que ese cuaderno existe, quizá no sepa ni lo que existía dentro de mi que me empujara para escribir eso y ojalá nunca sepa porque ese cuaderno tuvo su fin hace tiempo. Aún le quedan muchísimas páginas donde seguir escribiendo y aunque ya nada sea como hace un año sigo teniendo ese dulce recuerdo por el que quise empezar a guardar mis sentimientos.
Ahora, vuelvo a escribir un nuevo bitácora y de nuevo la primera entrada me trae su recuerdo, el recuerdo de algo por lo que decidí empezar de nuevo a contar lo que pasaba y olvidar aquél cuaderno que ya está guardado en un cajón.
Toda historia tiene su fin pero por suerte otra empieza, quería empezar a escribir de nuevo aquí antes de que acabara el 2008 y así, dejar guardado el último capitulo de mi vida durante este año. Este año que comencé perdiendo a una de las personas más importantes de mi vida, pero a raíz de eso, me di cuenta de las que son importantes ahora. Maduré dejando de lado a la gente que me hacía daño, me enamoré y caí una y mil veces, aprendiendo de todos los golpes. He reído más que nunca por la cantidad de momentos inolvidables que he pasado con gente que sí que merece la pena que vuelva a escribir un nuevo cuaderno como el que decidí escribir por él hace un año. Maduré al plantarme en Londres sola sin saber que me encontraría y así valorar todo lo que aquí dejé y tambien dejar en el aeropuerto todo lo que no quería traer de vuelta.
Cada momento que no quiero olvidar está lleno de gente que lo ha compartido conmigo, por eso, de nuevo vuelvo a escribir un bitácora pensando en alguien importante, pero ahora no lo hago por una persona, lo hago por todas las que hacen que la que se sienta importante sea yo.
